unos días más tarde estábamos dee dee y yo en mi casa recogiendo el correo y echando un vistazo cuando sonó el teléfono. era lydia.
—hola —dijo—, estoy en utah.
—encontré tu nota —dije yo.
—¿qué tal estás?
—todo va bien.
—en utah se está muy bien en verano. deberías venirte por aquí. iríamos decamping. están todas mis hermanas.
—no puedo ir ahora.
—¿por qué?
—bueno, estoy con dee dee.
—¿dee dee?
—bueno, sí...
—sabía que utilizarías ese número de teléfono —dijo—. ¡te dije que usarías ese número!
dee dee estaba junto a mí.
—por favor —me dijo—, dile que me deje hasta septiembre.
—olvídate de ella —dijo lydia—. al infierno con ella. vente aquí a verme.
—no puedo abandonarlo todo sólo porque tú me llames. además —dije—, voy a quedarme con dee dee hasta septiembre. —¿septiembre?
—sí. lydia aulló. fue un aullido largo y potente. luego colgó. después de aquello. dee dee me mantuvo alejado de mi casa. una vez, cuando estábamos allí recogiendo mi correo, me di cuenta de que el cable del teléfono estaba desenchufado.
—jamás vuelvas a hacer esto —le dije...
una noche estábamos en mi casa, lo cual era poco usual. ya era entrada la madrugada. estábamos tumbados en la cama, desnudos, cuando sonó el teléfono en la habitación de al lado.
era lydia.
—¿hank?
—¿sí?
—¿dónde has estado?
—en catalina.
—¿con ella?
—sí.
—escucha, después de que me hablaras de ella me volví loca. tuve un asunto. fue con un homosexual. algo asqueroso.
—te he echado de menos, lydia.
—quiero volver a los Ángeles.
—eso estaría bien.
—¿si vuelvo contigo la dejarás?
—es una buena mujer, pero si vuelves la dejaré.
—voy a volver. te quiero, vejestorio.
—yo también te quiero.
seguimos hablando. no sé cuánto tiempo estuvimos hablando. cuando acabamos volví al dormitorio. dee dee parecía dormida.
—¿dee dee? —le dije.
levanté uno de sus brazos. estaba inerte. la carne parecía de goma.
—deja de bromear, dee dee, sé que no estás dormida.
no se movía. miré alrededor y descubrí que su frasco de somníferos estaba vacío. antes estaba lleno. yo había probado aquellas píldoras. una sola te dejaba dormido, sólo que era como si te noquearan y te enterraran bajo tierra.
—te has tomado las píldoras...
—no... me... importa... que vuelvas con ella... no me... importa...
fui corriendo a la cocina y cogí un cubo, volví y lo dejé en el suelo bajo la cama. entonces cogí la cabeza de dee dee y haciéndola asomar fuera de la cama metí mis dedos en su garganta. vomitó. le levanté la cabeza y dejé que respirara un momento luego repetí el proceso. lo hice una y otra vez. dee dee siguió vomitando.
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