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Se levantó de la cama a las ocho de la mañana aquel día de julio cualquiera. Asomó las pupilas por la ventana, y la cortina azul turquesa le resbaló por entre los muslos delgados. Descubrió que había llovido cuando pudo fijar la mirada sobre la acera, que lucía tremendamente fría y húmeda. Se puso una bata de seda rosa chicle, se pasó los dedos sobre el cabello y caminó lentamente hacia la cocina.
Ya ahí calentó un poco de agua y esperó a que herviera. Mientras tanto, camino un poco. Pensó en él unos momentos, en aquellos viejos tiempos de felicidad. El agua se desbordó de la taza, burbujeante y caliente, lo que interrumpió sus desvaríos y la devolvió realidad, una realidad donde estaba terminantemente prohibido el solo hecho de recordarlo.

1 Vomitos Masivos:

Acido Obscuro dijo...

La Cuchilla mas Afilada se Llama Extraniar definitivamente